La formación de un antropólogo constituye un proceso académico y práctico orientado al estudio integral del ser humano. Esta disciplina combina aportes de las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias naturales con el propósito de comprender la diversidad cultural, la evolución biológica y el desarrollo histórico de las sociedades humanas, también exige un sólido entrenamiento metodológico. Entre las competencias fundamentales destacan el trabajo de campo etnográfico, que implica convivir e interactuar con las comunidades estudiadas; la observación participante y las entrevistas, técnicas que permiten comprender las perspectivas de las personas desde su propia experiencia; y el pensamiento crítico y holístico, orientado a relacionar factores históricos, económicos, políticos y biológicos en el análisis de los fenómenos sociales.
Asimismo, la carrera incorpora enfoques teóricos e interdisciplinarios. El estudio de la teoría antropológica permite conocer las principales corrientes de pensamiento que han explicado la cultura y el comportamiento humano a lo largo del tiempo, aborda problemáticas actuales mediante especialidades como la antropología médica, forense, visual y aplicada a políticas públicas e interculturales.
Gracias a esta formación integral, los antropólogos pueden desempeñarse tanto en la investigación académica y la docencia como en ámbitos aplicados, incluyendo organizaciones no gubernamentales, museos, gestión del patrimonio cultural, consultorías y resolución de conflictos sociales.